La política está muerta.

Cada día surgen en el mundo numerosos movimientos, plataformas, ONG, partidos políticos, etc., con el fin de trabajar por un mundo mejor. Sin embargo, todos sabemos que esto no se está consiguiendo. Siempre hay multitud de guerras en los cinco continentes.

El siglo pasado fue el más mortífero de la historia. Stalin, Hitler, Pol Pot, Sadam Hussein, etc. Todos estos políticos gobernaron sus países a fuerza de cañón, acabando con hasta el 30 % de sus ciudadanos, bajo los pretextos más inverosímiles. El sigo XX acabó con más de 100 millones de muertos en conflictos bélicos; miles de pueblos asesinados, violados, torturados y desterrados.

Veamos algunos puntos del informe de las Naciones Unidas de 2020 «Una nueva era de conflictos y violencia»:

  • A nivel mundial, el número absoluto de muertes en las guerras ha venido disminuyendo desde 1946. Sin embargo, los conflictos y la violencia van en aumento. En 2016, la cantidad de países que se vieron afectados por conflictos violentos alcanzó el nivel más alto registrado en casi 30 años.
  • Hoy, la delincuencia causa más muertes que los conflictos armados. En 2017, hubo casi medio millón de víctimas de homicidio, cifra que supera con creces las 89.000 víctimas causadas por conflictos armados activos y las 19.000 que murieron en ataques terroristas. Si las tasas de homicidio siguen aumentando al ritmo actual, que es de un 4 %, no se alcanzará la meta 16.1 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (reducir significativamente todas las formas de violencia y las correspondientes tasas de mortalidad en todo el mundo) para 2030.

«La violencia se ha instaurado en el mundo como un mal endémico creciente que no sabemos a dónde nos llevará. Parece que la violencia sea la única forma de resolver nuestros conflictos que hemos encontrado los seres humanos, tras milenios de historia, a pesar de las innumerables organizaciones que hemos creado para resolver conflictos».

  • En los últimos 15 años, más de la mitad de la población mundial ha vivido directamente situaciones de violencia política significativa o ha estado muy cerca de ellas.

Por otra parte, el hambre y la pobreza siguen siendo lacras en el mundo: casi la mitad de la población mundial vive con menos de 5,50 dólares al día. Según Manos Unidas, cerca de 800 millones de personas pasan hambre en el mundo. Es un dato increíble, máxime si tenemos en cuenta que en el mundo vivimos 7 mil millones de personas y se estima que nuestra fuerza productiva sería capaz de alimentar a 12 mil millones de personas. Son datos de FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura).

También tenemos el problema medioambiental y las catástrofes climáticas. La ONU alerta de una triple crisis: calentamiento, pérdida de biodiversidad y contaminación;

¿Para esto nos sirven los políticos? Sólo en España había en 2017 un total de 4.772 partidos políticos. El número de políticos mundial es desconocido. Hay estimaciones por países para todos los gustos, dependiendo de la ideología política del que haga el cálculo. En cualquier caso, hay muchos políticos en el mundo, ¡muchísimos! Pero no resuelven los problemas más arriba descritos, que se han convertido en endémicos por la ineficacia política en el mundo.

Los avances tecnológicos están cambiando la forma en que se desarrollan los conflictos. Los avances en inteligencia artificial (IA) y el aprendizaje automático desempeñarán un papel importante en esta transformación al cambiar la naturaleza de las amenazas tanto por parte de actores estatales como no estatales. El uso de la IA está intensificando los ataques cibernéticos, físicos y biológicos, haciéndolos más selectivos y, al mismo tiempo, más anónimos.

La IA también ha hecho posible la fabricación de armas autónomas letales a pesar de la amplia oposición mundial a su desarrollo. Estas armas detectan y atacan a un objetivo específico sin necesidad de que una persona las dirija. Esto hace que la responsabilidad sobre la vida y la muerte ya no dependa de los sistemas morales humanos.

¿Cómo puede el ciudadano corriente protegerse frente a estas nuevas amenazas, que ni siquiera entiende? La justicia, los medios policiales y los ejércitos están completamente desbordados ante lo que se les viene encima. El mal uso de la ciencia y la tecnología nos puede llevar a un callejón sin salida, si los gobiernos de todo el mundo no se unen para tomar medidas contra esta nueva modalidad de violencia; de guerra fría.

Actualmente estamos siendo testigos del desmantelamiento de la estructura internacional de control de armamentos y de un retroceso gradual en los acuerdos de control de armamentos establecidos, que durante decenios han hecho posible la estabilidad, la moderación y la transparencia en todo el mundo. El hecho de que sigan existiendo armas nucleares en particular plantea una amenaza cada vez mayor para la supervivencia de la humanidad.

Es evidente que los numerosos partidos e innumerables políticos de este mundo han demostrado su manifiesta ineficacia en la consecución de la paz y la justicia en el mundo.

No hemos evolucionado gran cosa en estos aspectos en los últimos milenios. Se ha evolucionado mucho en ciencia y tecnología, así como en el reconocimiento teórico de los derechos humanos, pero muy poco en el logro de un mundo en el que reinen la paz y la justicia.

Han surgido numerosos movimientos sociales, plataformas y ONG a nivel mundial para intentar paliar la ineficacia de nuestros sistemas políticos, y llegar allí a donde a las políticas estatales no les interesa llegar.

Gracias a estos movimientos sociales se suple la ineficacia de la maquinaria política, en aquellos lugares donde «no interesa» ayudar a la población necesitada. Son miles los voluntarios que trabajan a diario por un mundo mejor, sin monsergas políticas, trabajando duro en programas concretos, llevando la justica social allí donde no existe, por dejadez de nuestros políticos.

En un mundo que gasta billones en armas de destrucción masiva no se puede hablar honradamente de que no haya medios suficientes para atender todas las necesidades.

Si analizamos las causas de los problemas que aquejan nuestro mundo, veremos que los que gobiernan están en la raíz del problema: los políticos de este mundo son el problema, preocupados eternamente por llegar al poder y  mantenerse en él, caiga quien caiga.

El conocido aforismo político de que «el objetivo de un partido es ganar las elecciones», es intrínsecamente perverso.

¿Qué ha ocurrido con los valores morales en política? ¿Ya no se piensa que el objetivo de los políticos es el de servir de la mejor y más justa manera posible al pueblo que los ha elegido?

Si hemos llegado a este estado de las cosas, es el momento de que el Pueblo tome las riendas de su destino y adopte cuantas medidas lícitas tenga a su alcance para llevar este mundo a un cauce de justicia y de paz.

Analizando más profundamente podemos observar que los valores éticos y morales se han perdido en política casi por completo. Esto es lo que lleva a los políticos a esta forma de pensar y actuar tan inhumana.

Las leyes que hacen los políticos en todos los países persiguen el fin propio de los partidos: perpetuarse en el poder. Y como no pueden llegar al poder por sí solos, aunque sólo sea por un mero asunto de fuerzas (el Pueblo está en mayoría numérica en todos los países), nos tienen que convencer de «su verdad». De que su forma de pensar y actuar maquiavélica es la única posible y la óptima; nos tienen que «aborregar».

Esto se logra sólo de una forma: deshumanizándonos; despojándonos de nuestra espiritualidad, que es la característica que nos hace verdaderamente humanos.

Tenemos que restaurar la espiritualidad en el mundo para lograr un cambio real y profundo, que nos lleve a un camino de paz y de justicia global.

«Lo que este mundo necesita es una revolución espiritual» (Dalai Lama).

Deshagámonos de estos políticos sin alma que gobiernan nuestras naciones y la humanidad podrá comenzar una nueva era de justicia y paz en el mundo.

El siglo XXI tiene que ser el siglo de la despolitización global. Los ciudadanos, el planeta, no podemos permitirnos que la nueva aristocracia política siga llevando las riendas del destino global. La politización de todas las estructuras sociales ha hecho que éstas sean ineficaces a todos los niveles. El fracaso estrepitoso de la política como forma de gobierno es un hecho patente. Los propios políticos no pueden solucionar los problemas que ellos mismos generan.

Los asuntos de estado son demasiado importantes como para dejarlos en manos de los políticos. Existen estructuras de gestión y gestores adecuados a todos los niveles sociales que, sin el menoscabo de la política, cumplirían sus funciones de forma mucho más eficaz. Que no nos convenzan los políticos por más tiempo de que los ciudadanos del siglo XXI no estamos lo suficientemente maduros para gestionar el mundo adecuadamente y que necesitamos de la tutela política para poder salir adelante.

Tampoco pueden convencernos los políticos por más tiempo de que sin ellos vendría la anarquía. La sociedad ha demostrado a lo largo de la historia que se puede prescindir del grado de politización desmesurada que existe en la actualidad. Tenemos que luchar por una despolitización gradual de las estructuras sociales mundiales a todos los niveles. Desde los ayuntamientos, pasando por los gobiernos federales o autonómicos, los gobiernos nacionales, senados y congresos, hasta las estructuras supranacionales, hay que quitar ese peso muerto de exceso de políticos que existe a todos los niveles.

Luchemos desde ahora con todas nuestras fuerzas por la despolitización de todas las estructuras sociales y la humanidad podrá comenzar a ser dueña de su destino y encaminar un auténtico futuro de justicia y de paz globales. El planeta y las futuras generaciones nos lo agradecerán.

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