Clones Sociales.

Tenemos los sentidos saturados con información insustancial que impide que nuestras mentes descubran la realidad que reside en nuestro interior. No nos conocemos a nosotros mismos. No sabemos quiénes somos en realidad: nuestros valores y anhelos más profundos quedan sin explorar. Nos sometemos al dictado de la corriente ambiental que nos lleva a donde no queremos, y hace de nosotros meros clones sociales.

Estamos esclavizados, aunque los medios sociales (políticos y medios de comunicación de masas) nos quieran hacer creer que somos más libres que nunca. Se trata de un engaño colectivo, de una dictadura social, a la que todos estamos sometidos. Depende de nosotros sucumbir a los cantos de sirena de las voces socialmente aceptadas o pararnos a pensar y mirar en nuestra alma. Allí encontraremos riquezas que no sospechábamos, valores auténticos, perdurables y que nos conectan con otra esfera: la del mundo espiritual.

Todos anhelamos la felicidad, pero ¿buscamos donde realmente se encuentra? Cada uno tiene que encontrar su propia respuesta. Pero no pensemos que va a ser fácil. Tenemos el ambiente social en contra, que nos muestra mundos de felicidad irreales, basados sólo en aspectos materiales, que se pueden «comprar» con dinero. En el fondo todos sabemos que se nos está poniendo delante «un mundo feliz» lleno de engaños, pero ¡qué fácil es caer en la trampa!

Esta sociedad que arbitrariamente se nos quiere imponer como única norma de vida aceptable, que, promete sibilinamente derramar felicidad a los que se bañen en ella, está llena de abrojos y espinas que se clavan en el alma y nos quitan la paz verdadera.

Podemos fijarnos en la vida que llevan los animales salvajes. Irradian paz y armonía. Están sujetos meramente a la ley natural. Su vida no está llena de superfluidades; disfrutan de lo que la vida les da. Seamos como ellos, sin desasosiegos por el ayer, que ya pasó, ni por el mañana, que  nadie sabe cómo será, ni si existirá para nosotros.

Luchemos en contra de lo establecido, de lo que se considera socialmente “aceptable” o «normal»; seamos «raros». Y, aunque se nos censure, huyamos del mundo meramente material, miremos en nuestro interior, donde nada es caduco, seamos seres espirituales: seamos nosotros mismos.

Tenemos los sentidos saturados con información insustancial que impide que nuestras mentes descubran la realidad que reside en nuestro interior. No nos conocemos a nosotros mismos. No sabemos quiénes somos en realidad: nuestros valores y anhelos más profundos quedan sin explorar. Nos sometemos al dictado de la corriente ambiental que nos lleva a donde no queremos, y hace de nosotros meros clones sociales.

Estamos esclavizados, aunque los medios sociales (políticos y medios de comunicación de masas) nos quieran hacer creer que somos más libres que nunca. Se trata de un engaño colectivo, de una dictadura social, a la que todos estamos sometidos. Depende de nosotros sucumbir a los cantos de sirena de las voces socialmente aceptadas o pararnos a pensar y mirar en nuestra alma. Allí encontraremos riquezas que no sospechábamos, valores auténticos, perdurables y que nos conectan con otra esfera: la del mundo espiritual.

Todos anhelamos la felicidad, pero ¿buscamos donde realmente se encuentra? Cada uno tiene que encontrar su propia respuesta. Pero no pensemos que va a ser fácil. Tenemos el ambiente social en contra, que nos muestra mundos de felicidad irreales, basados sólo en aspectos materiales, que se pueden «comprar» con dinero. En el fondo todos sabemos que se nos está poniendo delante «un mundo feliz» lleno de engaños, pero ¡qué fácil es caer en la trampa!

Esta sociedad que arbitrariamente se nos quiere imponer como única norma de vida aceptable, que, promete sibilinamente derramar felicidad a los que se bañen en ella, está llena de abrojos y espinas que se clavan en el alma y nos quitan la paz verdadera.

Podemos fijarnos en la vida que llevan los animales salvajes. Irradian paz y armonía. Están sujetos meramente a la ley natural. Su vida no está llena de superfluidades; disfrutan de lo que la vida les da. Seamos como ellos, sin desasosiegos por el ayer, que ya pasó, ni por el mañana, que  nadie sabe cómo será, ni si existirá para nosotros.

Luchemos en contra de lo establecido, de lo que se considera socialmente “aceptable” o «normal»; seamos «raros». Y, aunque se nos censure, huyamos del mundo meramente material, miremos en nuestro interior, donde nada es caduco, seamos seres espirituales: seamos nosotros mismos.

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